Por: Micjael Ccopa.
Antonio Ríos Angulo, un hombre cuya presencia irradiaba la autoridad de quien ha vivido múltiples vidas en una sola existencia. Con 72 años de edad, 35 años de trayectoria en el Colegio de Periodistas de Arequipa y portando el distinguido grado de Amauta, uno de los más altos reconocimiento que otorga la Federación de Periodistas del Perú.
El legado de los amautas
«El reconocimiento de Amauta no se otorga a la ligera», explica Ríos con solemnidad. «Los estatutos de la Federación establecen requisitos específicos: 35 años de antigüedad como miembro federado, una conducta intachable y un desempeño ejemplar. Es la máxima distinción que puede recibir un periodista en el Perú.»
Sus ojos se iluminan al recordar aquel día de 2021 en Lima, cuando recibió la medalla en el marco de los 75 años de vida institucional de la Federación. La historia de esta institución, fundada el 18 de julio de 1950, surge de una necesidad: los periodistas estaban dispersos por todo el territorio nacional, sin una entidad que los defendiera.
«El periodista Genaro Carnero Checa tuvo la visión de crear esta institución», relata Ríos. «Gastón Aguirre Morales se convirtió en nuestro primer presidente, con la noble misión de expresar la legítima voluntad de los hombres libres de una prensa democrática, sin compromisos ni pactos con nadie.»

Una carrera forjada en múltiples frentes
La historia personal de Antonio Ríos lee como una novela sudamericana. Ex guardia civil especializado en turismo, educador durante 25 años, corresponsal de guerra certificado, y periodista colegiado desde 1990, su trayectoria desafía cualquier intento de categorización simple.
El servicio militar lo realizó de manera particular: como parte del servicio de reemplazos críticos en el Batallón de Infantería Militar Nº 9 en Cusco. «Me especialicé como tirador de ametralladora automática a gas, de fabricación belga», recuerda con precisión técnica.
Pionero de la PNP de turismo
“Arequipa es la pionera de la Policía de Turismo”, comenta el exoficial que lideró su creación en 1972, durante las festividades por el aniversario de la ciudad. Aquel año, en el marco del FestiDanzas, cada policía se encargó de atender a delegaciones extranjeras, marcando así el inicio no oficial de esta unidad especializada. Aunque el alto mando reconoció oficialmente su fundación recién el 4 de junio en Puno —fecha en la que él mismo inauguró la división en esa ciudad altiplánica—, quienes vivieron aquella primera experiencia en Arequipa siguen conmemorándola cada 12 de agosto.
Hoy, a sus 72 años, organiza reuniones anuales con sus antiguos compañeros todos ya retirados para celebrar su legado en diferentes ciudades del país. Fue condecorado por la Municipalidad Provincial de Puno por su aporte al desarrollo turístico y continúa recorriendo el mundo junto a su esposa, planificando cada itinerario por cuenta propia. “Mi pasión es viajar”, dice, mientras sigue sirviendo desde otro frente: el Tribunal de Honor del Colegio de Periodistas del Perú.
El milagro del turista brasileño
Entre todas sus anécdotas, hay una que marca un antes y un después: la historia del turista brasileño que se convirtió en una amistad de más de 40 años.
«Era jefe de la policía de turismo en Puno cuando me llamaron de un hotel porque había un turista muerto», relata. «Cuando entré a la habitación, el hombre estaba en estado cadavérico, completamente rígido. No encontré pulso ni latidos.»
Durante una ronda de control turístico en la calle Tacna de la ciudad Altiplánica, el entonces jefe de la Policía de Turismo fue alertado por el personal de un hotel: “Jef, ¿sabe que hay un turista muerto?”. Al ingresar a la habitación, encontró al hombre sin signos vitales. “Le agarré el cuello, no encontré latidos; le agarré el pulso, tampoco. Estaba en estado cadavérico, rígido”, recuerda. Sin hallar al juez para el levantamiento del cadáver, acudió al fiscal Julio Armasa, quien le dio una recomendación clave: “Mira, Antonio, yo avalo tu intervención… hay que llevarlo nomás como herido al hospital”.
Así lo hizo. En el Hospital Regional Manuel Núñez Butrón, el equipo médico actuó de inmediato. “Le han hecho un electro, le han puesto sondas, le han puesto inyecciones… y reaccionó, resucitó”, relata aún sorprendido. El turista, que solo hablaba portugués, recuperó la conciencia lentamente tras varios días. El diagnóstico médico fue claro: una combinación de medicamentos y el mal de altura casi lo matan. “Una hora más y no aguantaba”, le dijo el doctor. Aquella intuición y decisión, fuera del protocolo, terminó salvando una vida.
Durante seis meses completos, Ríos se hizo responsable de este desconocido que había perdido la memoria. Usando radioaficionados, logró contactar a su familia en Brasil. Desde entonces, ese turista lo llama «meu anjo» (mi ángel) y le regaló una casa en Brasil, facilitando ocho viajes donde Ríos tiene más de 50 amigos brasileños.
Participación en desfiles patrios: orgullo nacional
Una de las facetas más emotivas de la carrera de Antonio es su participación en las ceremonias cívicas nacionales, especialmente significativas en estas Fiestas Patrias.
«Son tres años consecutivos que llevo el estandarte del Colegio de Periodistas en los desfiles de octubre, cuando celebramos el Día del Periodista Peruano», cuenta con orgullo ceremonial. «El Comando del Ejército tiene una oficina especializada donde están registradas todas las instituciones civiles. Invitan a la máxima autoridad de cada entidad para que ice el pabellón nacional junto con los directivos.»
Su descripción del desfile del 28 de julio revela la magnitud de estas ceremonias: «La parada y desfile cívico militar en Lima es verdaderamente grandiosa, donde como Jefa Suprema de las Fuerzas Armadas, la presidenta Dina Boluarte participa directamente junto con el Ejército, Marina, Fuerza Aérea y Policía Nacional. Es un momento de profunda unidad nacional.»
El día del periodista: una conquista histórica
Una contribución significativa de la Federación fue la institución del Día del Periodista Peruano: «El periodista Antenor Escudero Villar, apenas un mes después de la creación de la Federación en 1950, tuvo la idea genial de solicitar al presidente general Manuel Odría el reconocimiento oficial del Día del Periodista Peruano.»
La elección del primero de octubre honra al «Diario de Lima», el primer diario del Perú y América, fundado por Jaime Bausate y Mesa. «Era una forma de conectar nuestro presente con nuestras raíces históricas.»
La ventana al mundo
Durante la entrevista, Ríos mencionó su vivencia en Londres, cambió inesperadamente al inglés, iniciando un breve pero entrañable intercambio. Yo le confesé que aprendí inglés a manera de juego y que ahora me tocaba tomarlo más en serio. Él me animó: “Always practice. You can see the movies, hear the music in English… Congratulations, very good your English.” A sus 72 años, decía no olvidar lo que sus profesores le enseñaron: “My teacher language is in my mind. I never forget.” El paso del tiempo aún no ha borrado a aquellos profesores que lo acompañaron durante su formación.
Cuando las lenguas se encuentran
Antonio comenzó a hablarme en quechua. Lo escuchaba con atención, pero no entendía todo. Entonces le pedí ayuda a mi madre, Emilia Mancilla, originaria de Paruro, Cusco, quien estaba conmigo en ese momento. Con la sabiduría tranquila que guardan las mujeres andinas, me ayudó a traducir lo que escuchábamos.
Le dije a Antonio con sinceridad: “No sé mucho quechua, pero mi mamá me está ayudando a entenderlo”. Él, conmovido y probablemente con una sonrisa en el rostro, le habló directamente a mi madre y le preguntó de dónde era. Al escuchar “Paruro”, se entusiasmó y exclamó en quechua:
“Parurupi sumaq t’antakuna kashan, ñoqayku llaqtaymi Qusqupi sutinchik ruinakuna, Chiriucho mikhuy, cuyqa llaqtayku sumaq Perúpa mikuykuna.”
Mi madre sonrió y tradujo: “En Paruro hay panes deliciosos. En nuestra tierra de Cusco están nuestras ruinas sagradas, el Chiriucho, el cuy… son comidas típicas de nuestro hermoso Perú”.
Ese instante, breve pero profundo, fue un reencuentro con nuestras raíces. Porque ser peruano no es solo cantar el himno o agitar la bandera cada 28 de julio: también es cuidar nuestras lenguas originarias, valorar a quienes las mantienen vivas, y recordar que el Perú más profundo sigue hablando en quechua, horneando pan en hornos de barro, y contando su historia desde la memoria de sus pueblos.
Las nuevas generaciones
El consejo de Antonio para los futuros periodistas es directo: «Una vez que terminen su carrera universitaria, obligatoriamente tienen que ir al Colegio de Periodistas a gestionar su colegiación. La ley es clara: para ejercer la labor profesional se debe estar colegiado.»
Pero su mensaje trasciende lo burocrático: «Deben estar siempre en la fuente directa de la noticia, emitiendo información con verdad, sin alteraciones, siguiendo el ejemplo de los grandes noticieros mundiales. El periodista debe manifestar ante la ciudadanía correctamente la información, sin sesgos ni intereses particulares.»
«La dignidad y el honor de cada persona marcha de acuerdo a cómo desempeña su labor periodística, sin vender jamás su pluma», enfatiza.
«Cualquier experiencia nunca está de más», fueron sus palabras de despedida. Esa tarde arequipeña, esa conversación trilingüe, se convirtió en una lección magistral: el mejor periodismo es aquel que no solo informa, sino que construye puentes entre culturas, generaciones e idiomas, recordándonos que en la diversidad está nuestra verdadera riqueza como nación.
En estos días de Fiestas Patrias, cuando celebramos nuestra independencia y reflexionamos sobre nuestra identidad nacional, la figura de Antonio Ríos nos recuerda que ser peruano es precisamente eso: la capacidad extraordinaria de ser simultáneamente local y universal, tradicional y moderno, sin que estas dimensiones se anulen, sino que se enriquezcan.

