Por: Micjael Ccopa Mancilla
Hay promociones que se van con aplausos. Otras, con nostalgia. Y algunas pocas se marchan dejando una marca que trasciende el tiempo. Eso fue WILLAKUNA, la promoción de quinto año de Periodismo de la Escuela Profesional de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Nacional de San Agustín (UNSA), quienes durante el reciente aniversario de su escuela no solo participaron del campeonato deportivo, sino que lo convirtieron en leyenda.
En su última oportunidad de competir como estudiantes, los de WILLAKUNA jugaron no por una copa, sino por cerrar su ciclo con una historia digna de contarse. Y lo hicieron. Con coraje, compañerismo, talento y un liderazgo colectivo admirable, se coronaron campeones y entregaron a la UNSA una de las gestas más emocionantes que se recuerden en la historia reciente de este torneo.
Capítulo I: La revancha que se esperaba
El debut no pudo tener mejor guion. El partido inaugural los enfrentó a Cuarto Año de Periodismo, el mismo equipo que el año pasado los había vencido en la final y les había arrebatado el campeonato. El pasado regresaba en forma de revancha. Y WILLAKUNA, con el corazón encendido y la memoria intacta, no dejó escapar la oportunidad.
Fue un duelo intenso, con momentos de alta tensión, pero esta vez, el desenlace fue distinto. Victoria por 2-1. La herida cicatrizó. La deuda quedó saldada. El primer paso estaba dado, y con él, la promesa de que esta vez la historia la escribirían ellos.
Capítulo II: El temple frente al desgaste
El segundo encuentro los cruzó con Cuarto Año de Relaciones Públicas, un equipo joven, dinámico y competitivo. El partido fue trabado, físico, jugado con dientes apretados. Tras el 1-1 en tiempo reglamentario, todo se decidió desde el punto de penal. WILLAKUNA, otra vez, demostró su carácter, a pesar de que uno de sus jugadores (el autor de la nota falle el primer penal), no significo el derrumbe del equipo, al contrario, fue la motivación que necesitaban para no volver a comerte el mismo error. Avanzaron con nervios de acero.
Las 3 atajadas se celebraron como goles, el héroe de este encuentro fue Denniz Salhua, quien dio la victoria al 5to año. En medio del sufrimiento, surgía una certeza: este equipo no solo sabía jugar… sabía resistir.
Capítulo III: El destino quiso repetir la prueba
En semifinales, el calendario trajo un segundo cruce con Cuarto Año de Periodismo. Ya no era revancha: era validación. Un nuevo capítulo de un clásico en formación. El encuentro fue frenético: 2-2 en el marcador y, otra vez, los penales como juez implacable.
WILLAKUNA volvió a superar la prueba con determinación. Sabían que no estaban jugando solos: llevaban consigo los anhelos de toda una promoción, el peso simbólico de un último año que merecía despedirse con gloria. Otra victoria, otra página épica. Y otra vez, el héroe fue Denniz, quien se vistió de gigante para atajar los tres penales del rival. No hubo errores de su equipo: todos los disparos fueron convertidos con precisión. La tanda perfecta. El triunfo inapelable.
Capítulo IV: La consagración ante los más jóvenes
La gran final los enfrentó a Tercer Año de Relaciones Públicas. Y fue allí donde se vio todo lo aprendido, todo lo construido a lo largo del campeonato y de los años. No hubo lugar para la duda. Desde los primeros minutos, WILLAKUNA tomó el control del partido. Con inteligencia, precisión y entrega, marcaron dos goles en la primera mitad y manejaron el resto del encuentro con madurez y paciencia.
El pitazo final desató la euforia. El grito de “¡campeones!” no fue solo un desahogo deportivo. Fue la afirmación de una identidad, el rugido final de una generación que se negó a pasar desapercibida y que están próximos a dejar las aulas.
Guimy Huayhua, el artillero que iluminó el camino
Si hubo un nombre propio que se alzó en medio del esfuerzo colectivo, fue el de Guimy Huayhua, goleador del campeonato con 4 tantos. Su olfato, su constancia y su capacidad para aparecer en los momentos clave hicieron de él un protagonista indiscutible. Pero su mérito fue mayor: jugó para el equipo, lideró desde la humildad y dejó claro que los goles más importantes no solo se gritan, se comparten.

Una despedida con sentido eterno
WILLAKUNA no se va solo con un trofeo. Se va dejando una historia. Una historia de revancha, de superación, de compañerismo, de juego limpio y de amor por la camiseta.
En el del aniversario de la Escuela de Comunicación, donde tantas veces se habla de narrativas, de relatos, de medios y de discursos… ellos decidieron comunicar de la forma más genuina posible: en la cancha, con el cuerpo, con la emoción.
Esta promoción no se va: permanece. En la memoria de quienes los vieron luchar, en el ejemplo que dejan a las promociones más jóvenes y en el legado que inscribieron con goles, abrazos y orgullo
Porque algunas generaciones terminan sus estudios… y otras, como WILLAKUNA, se gradúan en el alma de toda una institución.
